viernes, 9 de enero de 2015

"CUANDO LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO CREZCAN..."



 
Actualmente podríamos decir que la desigualdad económica se ha convertido en “la enfermedad social de nuestro tiempo”, según Antón Costas nos expone. Élites como el FMI, la OCDE, y algunos periódicos muestran desde hace tiempo en sus trabajos una preocupación muy intensa por la desigualdad extrema que está apareciendo y sus consecuencias. Antón nos explica que España es el país donde más está creciendo la desigualdad, y que en centros de Servicios Sociales están viviendo situaciones de personas que jamás pensaron que iban a llegar a vivir esa situación, por lo que nos encontramos ante un sistema totalmente deshumanizado.


Aunque cabe destacar que dicha economía va mejorando y creciendo, pero mediante un proceso muy lento, por la duración de la crisis. El principal problema es que dicha desigualdad va en aumento, de modo que si ciertas personas siguen así, en un futuro no podrán salir de dicha pobreza.


Según podemos observar en este vídeo, podemos explicarlo mediante un ejemplo:  “Imagínate que estamos en un túnel, cada uno en su coche, en un túnel de dos carriles. Estamos parados, no sabemos qué pasa. Estamos parados. De pronto, el de la derecha ves que pone el motor en marcha y su coche comienza a avanzar un poquito. Tú alimentas una esperanza que muy pronto te va a hacer mover. Tremendo es que el otro se vaya moviendo cada vez más rápido y tú permanezcas en esa situación. Y eso puede pasar. Sí, la tolerancia a la desigualdad. Las sociedades, en general, tenemos cierta tolerancia a la desigualdad, cuando la desigualdad va acompañada de una percepción de oportunidades”.


Por lo que tras visualizar dicho vídeo concluimos que de la pobreza se puede salir, mejorando entre todos.

EL CLUB DE LA MISERIA.


Mi libro se titula “El Club de la Miseria” y su autor es Paul Collier, un profesor de Economía y Política Pública en la Escuela Blavatnik de Gobierno, en la Universidad de Oxford y director del Centro para el Estudio de las Economías Africanas. Desde 1998 hasta 2003 fue director del Grupo de Investigación del Desarrollo del Banco Mundial.


En este libro Collier trata uno de los problemas que más ha preocupado a los economistas durante los últimos siglos, y es qué falla en los países más pobres del mundo.

Collier parte de una idea muy sencilla, mientras que muchos países en vías de desarrollo, en especial los hispanoamericanos y los asiáticos, ya están consiguiendo encauzar sus economías y afrontan una etapa de crecimiento sostenido, existen aún mil millones de personas que forman lo que él denomina el “Club de la miseria” (los países más pobres del mundo). Estas naciones son africanas en su gran mayoría, y su desarrollo (social, económico y comercial) está casi estancado debido a varios males endémicos, que el autor llama trampas: los conflictos armados (guerras civiles, golpes de estado), los recursos naturales (puesto que constituyen una fuente más de problemas, en lugar de generar riqueza), la situación geográfica (en especial la falta de salida al mar, aunque también países vecinos en circunstancias igual de desesperadas) y unos gobiernos ineficaces (cuando no responsables directos de la pobreza contumaz). Estas trampas son muy difíciles de salvar y las naciones que sufren alguna (o varias) de ellas no sólo tienen problemas para subsanarlas, sino que corren el peligro de recaer en ellas y perder oportunidades de progreso.

Tras exponer dichas trampas nos presenta sus conclusiones y soluciones, las cuales ocupan un tercio del libro y revelan el peculiar punto de vista del autor. Su posición ideológica frente a la resolución de estos dilemas es conservadora y capitalista. Para Collier las bajas en un conflicto armado son necesarias si hablamos de “restaurar la paz” en un país con un conflicto interno, los salarios bajos son necesarios para atraer inversiones y generar prosperidad. De este modo, para el autor los países que se consideraban en vías de desarrollo, están atravesando una etapa transitoria hacia una riqueza que los pondrá en situación de igualdad con los países desarrollados en un plazo muy breve.

El autor defiende, con criterio, que el capitalismo es la doctrina imperante en la economía global y que los países del club de la miseria deben adaptar sus mecanismos para “pasar por el aro” y generar riqueza para sus habitantes; una tesis dura, pero aceptable en su fondo. Pero las recomendaciones y soluciones de Collier son arriesgadas: esperar de los países desarrollados un acuerdo global en lo referente a ayudas es tan inocente como confiar en la promulgación de leyes internacionales que garanticen el justo empleo de esa ayuda por parte de los gobiernos. Bien es cierto que el autor propone soluciones con la certeza de que son complicadas, pero no es menos cierto que, como economista y asesor político, debería ser mucho más consciente de la situación real y plantear remedios más viables e inmediatos.

Personalmente, me parece un libro bastante completo, ya que aporta tanto cuestiones teóricas principalmente como algunos ejemplos prácticos. Aun así, en ocasiones echo en falta un vocabulario más sencillo para aquellos que aún no dominan tanto dicho lenguaje económico. El aspecto más negativo del libro es que no da una respuesta clara como tal. No obstante, es un libro que recomiendo leer no sólo a aquellos que estudien temas relacionados con la economía, dado que se aprenden muchos más valores y hace ver que todo es más complejo de lo que podemos pensar.

jueves, 8 de enero de 2015

LA PARADOJA DE LA GLOBALIZACIÓN

La globalización es polifacética, multiforme, modifica estructuras económicas, afecta procesos sociales, promueve nuevas tecnologías, replantea figuras y categorías políticas, y especialmente impacta y afecta nuestras vidas de distinto modo, positiva y negativamente, dependiendo de la economía, ubicación geográfica, recursos, tecnología, educación e infraestructura. Debido a esto Dani Rodrik ofrece un marco conceptual y analítico sobre la globalización.
Rodrik habla del "trilema político de la economía mundial" entre estado-nación, la democracia y la hiperglobalización. Según su análisis solamente dos de las tres premisas son compatibles al mismo tiempo. Es decir,  la democracia se debilita en el marco del Estado nación si éste está integrado profundamente en la economía internacional;  la democracia y el Estado nación son compatibles solamente si retrocede la globalización; la democracia puede convivir con la globalización si se articulan fórmulas de gobernanza transnacional y se debilita el Estado nación.
La solución a este trilema según Rodrik es que el Estado nacional vive, si no del todo bien, y sigue siendo esencialmente la mejor alternativa. La búsqueda de gobernanza global es algo absurdo. Es improbable que los gobiernos nacionales cedan un control significativo a instituciones trasnacionales, y las reglas armonizadoras no beneficiarían a sociedades con necesidades y preferencias diversas. La Unión Europea puede ser la única excepción para este axioma, aunque su crisis actual tiende a demostrar que es así.
Según Rodrik "Deberíamos esforzarnos por alcanzar una máxima globalización que sea coherente con un espacio para la diversidad en los acuerdos institucionales nacionales".
Otro de los temas que el autor abarca en ``La paradoja de la globalización´´ es el  paralelismo entre comercio y la emigración. En términos de movilidad laboral hoy nos encontramos donde estábamos durante el régimen comercial de los años 50. Entonces existía un sistema individual de cuotas elevadas restricciones al comercio y tenía sentido negociar multilateralmente algunas restricciones porque  casi todos salían beneficiados ahora, Rodrik cree que tiene sentido estas restricciones pero en los mercados laborales. Esto lleva a mayor riqueza en el mundo, facilidad a que las mercancías crucen las fronteras y que ocurra lo mismo con las personas. Todos los países en desarrollo deberían tener derecho para  enviar gente y los receptores serían los países avanzados. A juicio de Rodrik el único camino es establecer cuotas individuales en los países de acogida.

Uno de los aspectos que  más me interesó del libro es que echa por tierra todos esos tópicos que tanto se repiten de que los estados ya no pintan nada en el mundo globalizado y de que pensar desde la perspectiva de los Estados es cosa de antiguos y nostálgicos. A menudo de aquí se derivan conclusiones poco inteligentes, como que la soberanía ni existe ni importa, que lo único que cabe hacer es adaptarse a los tiempos de la globalización, etc. 

 






                                         -Nuria Monje Puerta

Y EN LA CRISIS SEGUIMOS Y SEGUIREMOS

Al elegir el tema o el conflicto sobre España, vienen muchas ideas sobre crisis, problemas en los diferentes gobiernos, pero no puedo evitar hablar y opinar sobre la crisis actual, la que llevamos arrastrando desde el 2008 y que aunque nuestro gobierno insiste en que ya todo está mejorando, todos seguimos observando problemas como familias que no llegan a mediado de mes, que aunque las tasas de desempleo hayan bajado, el número de desempleados es enorme y muchos problemas más.
Los economistas han llamado a esta crisis Gran Recesión o depresión económica española. En 2008 los principales indicadores macro económicos tuvieron una evolución adversa. Los efectos se han prolongado durante más de seis años hasta la actualidad, no sólo en el plano económico sino también en el político y el social (crisis político-social española). Esta crisis se enmarca dentro de la crisis económica mundial de 2008 que afectó a la mayor parte de países del mundo, en especial a los países desarrollados.
El comienzo de la crisis mundial supuso para España la explosión de otros problemas: el final de laburbuja inmobiliaria, la crisis bancaria de 2012 también conocida como la  crisis de Bankia  donde confluyen dos cajas de ahorro, CajaMadrid y Bancaja, pero en el análisis también podemos incluir a la CAM, cuya crisis estalló antes. Entre las tres han acumulado un terrorífico volumen de créditos ligados al negocio inmobiliario. Comparten ciertas características comunes, que les confiere cierta singularidad dentro del sistema bancario español. Estas tres cajas han estado gobernadas por el Partido Popular en el período en el que se incuba la burbuja inmobiliaria. Finalmente el aumento del desempleo en España, lo que se tradujo en el surgimiento de movimientos sociales encaminados a cambiar el modelo económico y productivo así como cuestionar el sistema político exigiendo una renovación democrática.
Algunas de las consecuencias políticas fueron las congelaciones de pensiones, subida del IVA en 2013 y la retirada de decisiones positivas y ayudas dadas a los ciudadanos por el gobierno anterior, las reducciones de salarios públicos, recortes en educación y en sanidad.

El acto que representa a esta crisis socialmente es el movimiento social más importante es el denominado Movimiento 15-M, surgido en mayor medida, por la precariedad y las condiciones económicas de la clase media y baja; dos consecuencias de la crisis financiera.  Este movimiento consistió en que de forma pacífica y festiva decenas de miles de personas convocadas por el movimiento de los 'indignados' nacido el 15-M recorrieron las calles de Madrid y de casi todas las ciudades españolas para hacer oír su voz contra el actual sistema político y económico, y reclamaron una huelga general.

A continuación, se muestra un vídeo con la explicación de todo anterior de manera más amplia.


                                                                                               -Nuria Monje Puerta

miércoles, 7 de enero de 2015

LA INEQUIDAD CONDENABLE.


Aunque se pueda pensar que no, no todas las desigualdades económicas son injustas, ya que algunos trabajan  más o son más capaces que otros. Pero dado que gran parte de las distancias entre ricos y pobres en el mundo actual se debe sobre todo al país en que dichas personas nacen, parece bastante obvio que la lucha contra dicha desigualdades justa y necesaria.
Es cierto, que en los últimos doscientos años la humanidad ha logrado un enorme aumento de la producción de bienes y servicios per cápita, la distribución de esos bienes es hoy mucho menos equitativa que hace doscientos años. Para algunos ese aumento de la inequidad global habría comenzado a revertirse en los últimos 20 o 30 años, mientras que para otros, a lo sumo, se habría desacelerado o estancado.
Podríamos preguntarnos, ¿Es siempre mala la inequidad? ¿Es deseable que todos los seres humanos tengamos el mismo acceso a bienes y servicios?

Garantizar la equidad absoluta en cualquier escenario pondría en cuestión un valor importante que es el de la responsabilidad.  La convicción de que las personas adultas son responsables de sus acciones y las consecuencias de las mismas nos lleva a rechazar la propuesta de que todos ganemos lo mismo independientemente del esfuerzo y de la capacidad.

Hoy tenemos dos posturas sobre la evolución de la inequidad en los últimos años. Sin embargo, ambas visiones coinciden en que en las últimas décadas una gran parte de la inequidad global, esa que tiene que ver con las distancias entre los ingresos de todos los habitantes del mundo está relacionada con lo que se llama la inequidad “entre” países. Esto quiere decir que las distancias de ingresos de los seres humanos depende mucho más del hecho de que algunos países son muy ricos en promedio y otros muy pobres que del hecho de que dentro de cada país existen habitantes ricos y habitantes pobres.

Esta gran importancia relativa de la inequidad entre países sugeriría que para un individuo nacido en un  hogar  pobre de dentro de un país pobre, la migración parecería un camino más sencillo o eficiente que la búsqueda del ascenso social y económico dentro de su propio país.

Si una gran parte de la posición social de un individuo la determina el país en el que nace, la posición social no depende de los esfuerzos ni las capacidades de cada individuo. Por lo tanto son injustas las diferencias de ingresos entre dos trabajadores imaginarios, uno nacido en España y el otro nacido en Mali, ambos con la misma capacidad y los mismos esfuerzos realizados a lo largo de su vida. Por tanto, afirmamos que esa inequidad es mala y por lo tanto gran parte de nuestra inequidad actual es condenable.


viernes, 2 de enero de 2015

AFGANISTÁN

Debido a que en estos últimos días  EE UU ha concluido la misión  de combate en Afganistán  con una ceremonia discreta en Kabul, un comunicado del presidente Barack Obama y los talibanes celebrando la derrota de los aliados, he decidido hacer protagonista de este comentario a dicho País, Afganistán.
Después de la caída del régimen talibán  la economía de este país ha comenzado a recuperarse debido a diferentes factores como  el crecimiento de los servicios y ayuda extranjera. Durante la época monárquica y la república de Daud el sector industrial fue creciendo en un país principalmente agropecuario hasta que la revolución de Saur inició una reforma agraria que enfrentó serios problemas.
Durante la década de 1980 la proporción de la industria extractora y transformadora creció del 3,3% (1978) al 10% (1985) del PNB. En el mismo período las inversiones en la industria nacional pasaron los 55 mil millones de afganis, o el 80% de todas las inversiones hechas en la economía en los 20 años que precedieron a la Revolución. En 1984, las inversiones en los sectores estatal y mixto aumentaron un 50%. Ese año se pusieron en funcionamiento 100 nuevas empresas y con la ayuda de la Unión Soviética en el sector estatal de la economía, se construyeron cerca de doscientas empresas que proporcionaban la mayor parte de la producción global.
A comienzos de los años 80, el giro comercial entre Afganistán y Japón aumentó un 33%. En la misma época, el intercambio comercial con la India  aumentó un 50%.
Después de la guerra civil se instauró un Estado Islámico. Desde 1996 se instauraron los talibanes.
La guerra civil afgana  transcurrió entre el 24 de diciembre de 1979 y el 15 de febrero de 1989, donde   se enfrentaron las fuerzas armadas de la República Democrática de Afganistán contra los  muyahidines, grupos de guerrilleros afganos islámicos.
 Todo comenzó con la Revolución de Saur, que hizo de Afganistán un Estado Socialista gobernado por el Partido Democrático Popular de Afganistán.
Después de más de nueve años de guerra, los soviéticos se retiraron en 1989 después de la firma de los Acuerdos de Ginebra entre Pakistán. Los enfrentamientos entre muyahidines y las tropas del gobierno continuaron hasta abril de 1992, cuando la disolución de la URSS provocó el colapso económico del país y los fundamentalistas pudieron establecer el Estado Islámico.
Desde el ámbito institucional, en Afganistán se crea un sector financiero dinámico debido a que el sector bancario de Afganistán había colapsado completamente en 2002 y no existían servicios financieros disponibles fuera del sector informal.
En 2003, se estableció el Servicio de apoyo e inversión para micro financiamiento MIFA junto con el Grupo Consultivo de Ayuda a la población más pobre como asesor clave, se invitó, incentivó a participar y a unirse como fundadores a otros donantes interesados en proveer fondos para desarrollar el sector de las micro finanzas en Afganistán 

                                                                                              -Nuria Monje Puerta

sábado, 6 de diciembre de 2014

LA ECONOMÍA EN LA HISTORIA DE ESPAÑA.


Hasta 2007 la mayoría de los ciudadanos españoles presumían de tener una economía de  “Champions League”. Varios años más tarde, nuestro país se encuentra ya por su segunda recesión, de modo que la sociedad se encuentra con un gran desempleo y la quiebra de multitud de empresas debido a su incapacidad para asumir los gastos necesarios.
Consideramos la crisis actual como un fenómeno histórico debido a su profundidad, persistencia y sus múltiples implicaciones en diversos ámbitos a nivel internacional.
Podríamos decir que “Cada tiempo tiene su crisis” por lo que tratar de conocerlas nos puede ayudar a comprender la naturaleza de nuestra economía y de la crisis actual. Para ello es necesario conocer diversos acontecimientos que han sucedido en la historia de España.

LA PESTE NEGRA Y LA GRAN DEPRESIÓN MEDIEVAL.

La gran crisis bajomedieval es considerada un punto de inflexión a escala global, de modo que en Europa la peste negra supuso un momento histórico que se llevó por delante un tercio y la mitad de la población del continente europeo; de este modo dicha disminución afectó de forma considerable a la producción agraria y esto a su vez al consumo. Este momento histórico se dejó notar de forma considerada en la Península Ibérica a partir de 1348,a pesar de que anteriormente la Península había sufrido graves carestías y hambrunas por malas cosechas, además de continuas guerras que provocaron una elevada carga fiscal para financiarlas y más tarde una multitud de deudas. Una de las consecuencias fue la quiebra del Reino de Mallorca en 1405.



EL DURO SIGLO XVII ESPAÑOL.

La Guerra de los Treinta Años, de 1618 a 1648 hizo tambalear la economía de toda Europa. En España se agravó debido a la insaciable política impositiva que los Austrias aplicaron para financiar su política imperial. La escala fiscal de los Austrias castigó a los productores agrícolas más productivos y los mercaderes más prósperos, en beneficio de la nobleza y las oligarquías locales que tomaron un creciente control de las tierras.

LA QUIEBRA DEL ANTIGUO RÉGIMEN.

El XIX español arrancó con dos crisis sucesivas de muy diferente carácter. La primera (1803-1805) fue una crisis de corte feudal, debido a las malas cosechas y las epidemias. La segunda (1808-1814) debido a la Guerra de la Independencia, que provocó un grave problema para las haciendas públicas. El resultado es que multitud de acreedores promovieron la privatización de bienes y tierras y fomentaron el crecimiento económico entre 1815 y 1830, se trató de un crecimiento rápido pero aún por detrás de los ritmos europeos, debido a apoyarse en un modelo tradición.



LA PRIMERA CRISIS CAPITALISTA DE ESPAÑA.

Ésta tuvo lugar en el siglo XIX, entre 1864-1874, se trató de una crisis financiera que a su vez coincidió con otra crisis agraria, con las primeras quiebras de compañías ferroviarias, la quiebra de multitud de bancos, etc. Unos años después la gran depresión de la primera globalización afectó de lleno a España entre 1882 y 1897.

LA GRAN DEPRESIÓN Y LA SEGUNDA REPÚBLICA.

La gran depresión internacional que siguió al crash del 29 afectó de una manera muy particular a la economía de la naciente Segunda República. Los gobiernos republicanos se valieron de instrumentos convencionales para combatir la depresión coyuntural (medidas proteccionistas) pero lo hicieron tarde y con poca convicción.

LA POSGUERRA, LA AUTARQUÍA Y LOS AÑOS DEL HAMBRE.

La mayor catástrofe económica de la historia de España arrancó con la guerra civil y pervivió hasta casi 1960 por las equivocadas políticas que la dictadura franquista aplicó  hasta entonces. El resultado de esa desastrosa política económica fue reducir el PIB per cápita por debajo del nivel de 1929 hasta finales de la década de los cincuenta, cuando se iniciaron los primeros pasos hacia la apertura que acabarían por provocar el famoso salto de la alpargata al 600.

LA CRISIS DEL PATRÓLEO, EL OCASO DE LA DICTADURA Y LA TRANSICIÓN.

La crisis del petróleo en 1973 y el colapso del sistema monetario internacional de Bretton Woods en 1979 coincidieron con una etapa de profunda inestabilidad política en el ámbito nacional por los últimos años de la dictadura y los albores de la nueva democracia. Los últimos gobiernos de Franco tardaron en reaccionar ante la crisis del petróleo. El resultado fue un freno del PIB per cápita, desequilibrios presupuestos, fuerte crisis industrial y energética, alta inflación, desempleo creciente, etc. También hubo una importante crisis bancaria que llevó a las entidades a desprenderse de sus carteras industriales y empezar a centrarse en la banca minorista y los préstamos hipotecarios, abonando el terreno para la aparición de los problemas financieros actuales.

EL SIGLO XXI Y LA NUEVA GRAN DEPRESIÓN.

La entrada en la CEE abrió una etapa de crecimiento que duró dos décadas. De 1985 a 2007 España vivió una edad de oro de expansión casi ininterrumpida, con la excepción de la crisis de 1992-1993 solventad con las tradicionales devaluaciones de la peseta. La crisis que estalló en 2007 y se arrastra hasta la actualidad se trata de la primera crisis financiera que enfrenta España como una economía abierta al exterior y un sistema financiero liberalizado y homologable a los de otras naciones desarrolladas; cuyo resultado está siendo una de las depresiones más profundas de nuestra historia.
Los años de crecimiento continuo empeoraron la gran crisis. La desregulación bancaria a uno y otro lado del Atlántico y la internacionalización de la operativa de los bancos españoles facilitaron una burbuja crediticia que derivó en pensar que estaban haciendo bien en sus prácticas. Hubo en España una verdadera adicción al crédito, aprovechando que por primera vez en su historia el país se financiaba al mismo tipo de interés que Alemania y por la necesidad de cubrir con capital exterior los enormes déficits de la balanza de pagos.

De la mano de la burbuja financiera vino la burbuja de la construcción, siendo respaldada por la enorme oferta de suelo que propició la desregulación y la deficiente financiación local, por la demanda de vivienda y por la insaciable inversión en infraestructuras públicas no siempre necesarias e impulsadas principalmente por la financiación de las cajas de ahorros.

Los bancos españoles en un primer momento parecieron soportar bien la crisis que ya sufrían los norteamericanos y europeos. No obstante, los balances de los bancos contaban con grandes cantidades de pasivos que eran préstamos a corto plazo y que tras el colapso del mercado interbancario les obligaron a reducir crédito. Sin la aportación de créditos, la burbuja de la construcción comenzó a explotar y con ello se desató un gran incremento del paro,que aún perdura. La crisis bancaria finalmente derivó en un rescate del sistema financiero español por parte de la UE. Y tras los intentos por evitarlo, al final el Gobierno ha acabado por crear un 'banco malo' para acoger los activos tóxicos inmobiliarios que acumulaban las entidades en sus balances.

La recesión ha estrujado al máximo las cuentas públicas, que han pasado del superávit precrisis a un déficit histórico que aún no se ha conseguido embridar. Y España ha pasado por una auténtica travesía del desierto en forma de crisis de deuda, con primas de riesgo absolutamente desatadas y que hoy parecen templarse.

Terminamos indicando que las grandes crisis suelen ser causa de cambios sustanciales de los sistemas económicos y políticos.La gran depresión bajomedieval contribuyó al nacimiento del estado moderno en Europa, no tanto en España; las crisis de la primera mitad del XIX sirvieron para asentar el modelo capitalista en España; la crisis de los treinta y siguientes convulsionó el sistema político con la caída de la monarquía, la llegada de la república y el establecimiento de una dictadura; la liberalización de la economía posterior propició el Estado del Bienestar.

La pregunta es, ¿cuáles serán los cambios que propiciarán la gran depresión de este siglo XXI? ¿Oportunidades? ¿Amenazas? ¿Cara o cruz?